“La vida te va haciendo cada vez más hijo de puta. Es como que siempre te va maltratando y pegando donde más duele. Te disfraza amores, próximos dolores. Pero también nos gusta un poco eso, ir muriendo de a poco, si hacemos de todo para lograr la muerte, será ese ¿el descanso final de tanto cansancio que nos provocan los días?.”
Así comenzaba la página del libro que estaba leyendo la hippie de flequillo y pelo marrón al lado mío. Tomaba café como yo cerveza. Lo primero que pensé fue “Qué ganas de morirse que tiene”, pero con carpa leí otro pedazo de texto.
“Que no se puede salir ileso, que el tiempo es lo más valioso, y que algunos lo andan desperdiciando por ahí, en una parada de ómnibus, mojándose, chupando frío. Robándonos objetos y personas que más queremos...”
No podía leer mucho, no quería quedar mal, es horrible cuando te miran de reojo pero a la vez quería sentarme al lado y compartir un libro, tomarle el café en absoluto silencio. Solo leer.
Levantó la vista, me miró y siguió leyendo, ya se estaba poniendo incomoda, y yo más, opte por pararme y ponerle más leña al hogar. Me volvió a mirar y esta vez esbozó una sonrisa, como cuando le abrís la puerta a alguien por pura cortesía.
Me senté nuevamente en el sillón, ella se sacó la bufanda, se acomodo la camisa y cerró el libro.
Lo puso sobre su falda y no alcance a leer el título, pero la vi pararse y dejarlo en la mini biblioteca, no lo acomodo, solo lo apoyo en el estante de arriba.
Fue hasta la máquina de café, se llenó el vaso y salió afuera. Volvió a entrar, se acercó al sillón, sacó un cigarrillo y me pidió fuego, le preste el encendedor. Salió nuevamente a la vereda.
La de la recepción, protesto en voz baja, no alcance a escuchar lo que decía, pero vi que salió afuera y le dijo que no podía fumar en la puerta, que tenía que irse 10 mts para algún lado, ella cruzó la calle y se quedó en la puerta del kiosco que estaba en frente. Yo la veía, tenía frío y lloviznaba, estuve a punto de salir para llevarle la bufanda que estaba en el sillón pero nuevamente no quería ser entrometido.
Opte por pararme y me acerque a la biblioteca ahí tomé el libro, estaba marcado con un papel, un folleto de comidas rápidas, lo abrí y ahí encontré la página que estaba leyendo.
Había una anotación que decía:
“Los libros no tienen dueño, podes leerlo si querés, a mi me aburrió, solo estaba haciendo tiempo.”.
Me sonreí y la alcance a ver, se estaba sonriendo.
Yo continué haciéndome el que lo leía, es que en realidad, nunca vi que ella anotara nada, quizás ya lo había planeado de antes, todo me daba a pensar que ese mensaje no era para mí.
Apagó el cigarrillo y volvió a entrar, yo le hice seña del libro, y ella me respondió en seña que no lo quería, entonces opte por hablar.
—¿Tan malo es?
—Es como muy de autoayuda, no me gusta mucho.
—Te vi muy enganchada
—Es que me pareció tan falsa la forma de entender la vida que me dio curiosidad
—Como esas películas que son malas, pero las tenes que terminar de ver, porque siempre pensás que algo bueno va a pasar y no, el final es completamente malo. Y se comprueba lo que sospechas al principio. Y eso siempre pasa por no seguir las intuiciones.—Dije eso y automáticamente pensé que boludeces se me ocurren bajo presión
—Sí, pónele que sea así. Bueno, nos vemos.
Se alejó, agarró la bufanda y se fue.
—Espera... —le dije.
Tenía ganas de decirle que se yo, cualquier cosa, ¿Cómo es tu nombre? ¿En qué habitación estás? ¿De dónde sos? ¿Venís siempre a perder el tiempo acá?
Y tristemente solo me salió decirle;
—No, nada... abrigate si volvés a salir.
Apretó el botón del ascensor, la puerta se abrió y se la comió.
Ahí quedé yo, solo en el sillón frente al hogar, con un libro que no sabía cual era apoyado en mi falda, lo di vuelta, miré su portada, el título estaba tachado con una línea en lápiz, y una frase debajo que decía “Tácticas para robar encendedores Vol. 1”.
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Que alegría! después de 3 años casi pierdo las esperanzas. Excelente el cuento.