Te Cortaría en Mil Pedazos : relatos, historias propias. Resucitandote en cada historia. | Weblog de Cristian Sena

Vos sos de esas minas que les gusta ser segundas toda la vida para sentirse superior a alguien. Esas que dan lástima cuando las ves a los ojos. Las que intentan ocultarse, el vértigo, la sensación de la trampa moral y ética. La que coleccionan consejos y opiniones. El paseo de la mano, fingir la felicidad.
Las que se hacen las fuertes, las superadas. Las desvaloradas, las que ya no se aman, esas así, sí, ya sé cual sos vos. Ya entendí.
De seguro te quejas de los hombres, mientras le haces un pete y sentís el perfume de su mujer. Y te sentís mejor. De esas así sos vos.
Como me cuesta hablar de vos ahora que paso tanto tiempo.
Entre apuntes y líneas tiradas al azar, me miento, y sé que te escribo a vos, desde la ignorancia de un niño maltratado, caprichoso, cuando le dicen que no, esa primera negación, el primer dolor. Que suicida inocencia.
Es que no quiero dañarte, pero me sale así, soy patético, prometí escribirte y ahora lo estoy haciendo, te advertí que no soy bueno, que no me sale la utopía así nomás. Ya sé que me vas a llamar por teléfono sin importarte la hora, como lo hacías antes, me llamaras para insultarme, dudo mucho que me felicites, o quizás, o quizás sea como el borrador que te leí, que te sentiste tan identificada. Es todo tan injusto, me siento tan mal, que el tiempo no me afecte, que todo a mi alrededor se cristalicé y se rompa.

Te voy a decir algo, una tonta confesión, ese borrador, ya lo tiré, maldición, es que no puedo mentirte, vos sabes bien, que no tiro los escritos por más idiotas que sean –como lo es este- más bien los atesoro, es una idiotez eso de tirar un papel, como si las ideas y pensamientos se fueran con el. Cada escrito se me tatúa en alguna parte del cuerpo y me sigue, los arrastro para donde voy, y cuando camino por la calle yo veo como golpean a la gente, y les pido disculpas, y es una locura, sabes, últimamente todo es una locura.
Y no quiero que creas que te pido disculpas a vos, ni que te culpo, esto ya está escrito hace mucho, simplemente ahora lo estoy transcribiendo, ya te lo dije, espero que recuerdes, cuando estábamos acostados en esa cama barata, en esa improvisación de cena, en donde vos me decías, hay que dormir un poco, y yo en mi mente no dejaba de escribir.
Porque escribo, sabiendo que cada escrito me hace mal. Y leo pocos libros, muy poco leo, vos me aconsejaste que dejara de leer, que ya no soportabas mis asociaciones, mis comparaciones, antes de irte, me alcanzaste a decir que te daba miedo, que no tenias miedo por vos, que el miedo era por mí, que un día iba amanecer dentro de una página, y que jamás podría salir de ahí cuando se cierre el libro.
Cuanta verdad tenias, y te alejaste, me dejaste, te alejaste con todo tu cuerpo, pero en mi mente seguían tus palabras, tus miradas, tus gestos de desprecio y eso es quizás la principal motivación para escribirte.

Seguir Leyendo...

Parte 6 - Final
"En tú eternidad"

Me fui llorando como un nene, hermano, otra vez llorando, me fui muy triste, no entendía nada, o lo entendía a todo demasiado bien, no sé, fue horrible.
Seguí caminando hasta casa, lo tenía que hacer, tenía que pedirle perdón a mi mujer.
Ya estaba en la puerta de casa, y no sabía que hacer, diez minutos, quince, no sabía que hacer, me encontraba completamente perdido.
Puse la llave, abrí la puerta casi sin hacer ruido y entre, ahí estaba hermano, colgada en el medio del living.
Pensé en la nena, en mi hijita, mi chiquita, tres añitos tiene y todo se reducía a un dolor en el pecho. Mi vida, de pronto dependía de un órgano asesino, el corazón. Y no me salvaba mi titulo de abogado, no me salvaba el sueldo a fin de mes, no me salvaban mis amigos, nada me salvaba, ¿Me entendés? El bobo me estaba jugando una mala pasada, pero pensá en la nena, bobo, no me abandones ahora. Y no sé que paso, pero algo me rescato, me lleno de luz, corrí hasta donde estaba mi mujer, a abrazarla, intente levantar pero siempre es tarde, estaba congelada, ya se había ido.

Y todo lo que paso es mi culpa, toda situación narrada es culpa mía. Sabes hermosa, hijita, después de tanto tiempo comprendí que cuando se me había aparecido el Gabriel en esa época y me dijo que pida perdón, yo tendría que haber ido para casa a pedirle perdón a mamá, pero lo interprete mal y me fui a buscar la novia de él. Me arrepiento tanto de no haber ido a casa, me arrepiento tanto de haber discutido, encima todo fue por una boludes.
Pero yo se quien me rescato, fue mi hija la que me saco de toda la tortura, la que me salvó, y es hasta el día de hoy, que vos, mi amor, bebe hermosa, me rescataste.
Es por esto que te escribo, y perdón si la lectura comienza a complicarse, estoy llegando al final en el amplio sentido de la palabra ya no se coordina todo tan bien como antes, pero igualmente, te escribo para que sepas, (ahora que sos toda una señorita), que tengo muchas deudas pendientes. Que necesito ir a saldarlas por que acá ya no tengo más nada, creo que ya te di todo a vos, ya tenés la edad suficiente, esta carta la escribí cuando tenías doce, eras toda una nena, pero le pagué a una persona para que te la envíe hoy. No busques una explicación a la fecha, solo quería asegurarme que seas mayor, y te pido perdón, por haberme ido cuando tenías dieciocho, es que no podía dejarte de un día para el otro. A pesar de que nos comunicábamos, quería que te vayas acostumbrando. Siempre te cuide a la distancia, y hoy más que nunca lo seguiré haciendo.
Duele muñequita, duele mucho y papá ya no resiste.
Y sí, esa frase era mía, nunca pude enamorarme de otra mujer.
Te quiero de forma desmedida, te voy a cuidar, sé feliz hermosa.


Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...

Parte 5
"Corazón de madera"

No te das una idea de lo difícil que es encontrar una casa después de más de veinte años.
Esta todo cambiado, las calles son todas contramano, edificios hasta en el ojete. Pero la encontré, ahí estaba, la misma fachada de siempre, una casa antigua de chapa, pintada de gris, una puerta doble y una ventana con detalles pintados de un gris más oscuro, todo cubierto por telas de arañas en las ondulaciones de las chapas.
Toqué timbre, y salió ella.

—¿Sí, quién es? –preguntó
—Hola, mirá, aunque no lo creas, yo soy el Ruli, vos salías con un tal Gabriel ¿Te acordas?
—¿A quién buscas?
—¿Vos no salías con un tal Gabriel, hace como veinte años atrás?
—Gabriel… —y se puso pensativa— sabes que me suena
—Mónica, ¿Vos no sos Mónica?
—No, yo no soy Mónica
—Ah, esta bien… ¿Acá no vivía una Mónica?
—Si me das un segundo, ya te digo —entró a la casa y del fondo me grito —A ver, vení Raúl.
—Permiso —entré a la casa —No, no me llamo Raúl, soy el Ruli, antes tenia Rulos.
—Bueno es lo mismo, entra que hace frío. Si fueras un ladrón ya me hubieras robado, aunque no tengo nada de valor.

Nunca tendría que haber entrado a esa casa.

—Yo soy inquilina, pero cuando alquile está casa, en una cómoda, encontré esta cajita de madera. Tiene fotos, hay cartas, una cadenita, yo la guarde por si alguien venia a recogerla. Ya paso mucho tiempo, y nadie se acerco.


En la tapa de la caja difícilmente se podía leer “Mónica” como si se hubiese escrito con esmalte para uñas. Al abrirla, hermano, mira lo que te digo, había muchas fotos, en todas estaba Gabriel con ella, abrazado, dándose besos, sonriendo, feliz, no sabes lo que fue ver a Gabriel con una sonrisa después de tanto tiempo.
Empecé a mirar y abajo de todo se veía un sobre escrito en imprenta con una letra adolescente que solamente decía “Gaby”.
Cuando lo agarre, hermano, pensé que me moría de un infarto, se me caían las lágrimas solas pero la mujer muy amable, me alcanzo un vaso de agua, me senté como pude y tenia el sobre en frente, me desparrame en la mesa. ¿Qué tenía que hacer?
Habría y cerraba los ojos como un zapallo a ver si el otro se me aparecía de nuevo y me daba alguna señal, pero nada, no apareció.
Guarde el sobre en la cajita.
La inquilina me contó que la que estaba viviendo anterior a ella, la dueña de la casa se había ahorcado cuando era jovencita, se le humedecieron los ojos cuando me lo relataba. Yo no la conocí, pensá que esta casa estuvo desabitada muchos años me dijo.
Que miedo tenía, escalofríos, mezcla de sentimientos, estuve tentado de preguntarle a esta mujer si me podía acostar un rato, la cabeza se me partía, me caía, me estaba derrumbando de la silla.
Le deje la caja a ella, junte fuerzas y me fui.


Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...

Parte 4
"Gaby"

Y ahí estaba sentado, con el corazón en la mano, muy agitado, todo se empezó a nublar, veía todo gris me sofocaba, tenia calor y frio, hasta que encontré la paz al cerrar los ojos. Cuando los abrí, estaba el Gabriel sentado al lado mío, de la locura, del miedo a morirme, ni cuenta me di de cuando se sentó.

—Qué fácil que es ayudar al otro ¿Viste vos? –dijo Gabriel
—Andá a cagar, vos me venís a pelotudear boludo.
—Asqueroso, hermano.
—¿Lo qué?
—El pedo que tenés, sarnoso, pasó el tiempo pero las mañas no las perdiste.
—No seas así, sabes que una petaca de whisky me hace bien, que no me emborracha. Che Gabriel, sos un hijo de puta, no sabés lo que te extraño, la puta, loco.
—Ya te pones melancólico, pasa que acá las visitas a la tierra son muy limitadas.

—Sí, pero yo te extraño, muchas veces me pongo a pensar que sería de nosotros a esta edad, la de putas, ya hubiéramos conocido a todas las putas del país.
—Che no hables de esas cosas, que si me llegan a pescar desaparezco de una.
—Todo bien, pero, yo no sé que haces acá.
—Estaba arriba, al pedo, y me dije, me le voy aparecer al Ruli así se caga de un susto… En realidad, vengo a pedirte un favor, necesito que le vayas a pedir perdón.
—Che, ¿No estoy muerto, no?
—No, boludo.
—Bueno, me quedo más tranquilo.
—Chau hermano –alcanzó a decir y al pestañar ya no estaba más.
—Chau mi vie…

Vos por ahí pensaras que este dialogo no existió, pero te juro que sí, por mi nena que existió. Tome el último sorbito que le quedaba a la petaca, me paré y empecé a caminar. Me fui hasta la casa de ella.

Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...

Parte 3
"Valentía y cobardía"

Después de unos meses, volvería el Gabriel ganador. Ese flaco simpático, esa mezcla de pibe del interior con porteño que es irresistible para cualquier mujer.
Pero ella, no sé si decir su nombre, creo que no corresponde, no tiene sentido, no afectaría en la historia, tranquilamente podría llamarse Paula, Carla, Jimena, Lorena, Yanina, o como tu ex novia.
Yo trato de no meterme en la vida de las personas, yo sé que él puede superar eso solo, de hecho todos podemos y si no puede siempre tendrá la opción de matarse. Aunque eso es una cuestión muy personal de él. Sí, tengo corazón, pero la muerte mis queridos amigos, es inevitable. Si lo salvas, lo hace al año siguiente. Esas decisiones no pueden cambiarse, y está en todo su derecho, al menos, yo pienso así, si una persona tiene el derecho a vivir, también tiene que tenerlo para finalizar su vida. Después de todo, tarde o temprano, nos vamos pa’ arriba.
Pero, hermano, matarte por una mina es muy triste. Yo se lo dije de una, si te pensás suicidar por una mina, te quitas la posibilidad de recibir su perdón. Eso que le dije, es una idiotez, mirá que después de tanto tiempo te va importar que una mina te pida perdón, déjate de hinchar. Pero a él lo retuvo un tiempo, hasta que no aguanto más y sí, se suicido.

Al principio me sentí culpable, al igual que él, tenia ganas de putearlo, de decirle que era un hijo de puta, un sorete, un cobarde, porque matarse con pastillitas es de puto. Si tenes huevos te pegás un tiro.
Por supuesto, que esto que estoy narrando ahora, paso hace unos años, no es reciente, es que me estaba por dormir y dije, que mejor que escribir un rato para sanar un par de heridas.
Discutimos con mi mujer, creo que me zarpé, estaba muy triste, es que ya soy un tipo grande, tengo cuarenta y cinco pirulos, todos sabemos que a esta edad las peleas son para siempre, y ahí me acorde de Gabriel, a sus veintitantos, cuando éramos dos guachos, cuando le dije a mi mujer que era una putita de mierda, me quede duro muchachos, me quede inmóvil, como si el tiempo hubiera retrocedido, tal cual la situación de Gabriel volví a ver todo, pero pasaba todo muy rápido, fue un flash. Gabriel insultándola a ella, pestañar y mi mujer ahí, con sus mismos ojos. Tenía los ojos de la novia de Gabriel. Los mismos.
Si seré maricón que me largué a llorar, como un nene, adelante de mi mujer, mi viejo, delante de ella llorando como un pelotudo. Que locura. No sabía donde meterme, agarre la campera y me fui a la mierda.
Camine como loco malo, que se yo, habré caminado como veinte cuadras, hasta que por fin me senté.


Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...

Parte 2
"El Fantasma del perdón"

Esa noche no fue a pedirle perdón, ni siquiera tuvo el valor de llamarla por teléfono, nada. Ya el problema no era con ella, ahora era con él.
Después de esa noche, comprendió que el que había cambiado era él. Que él no era el mismo Gabriel, que ya nada era lo mismo en realidad.
Es que cuando un amor es todo, es muy difícil seguir viviendo. ¿Cómo se hace?
Fueron unos años de estar juntos, hombro a hombro, corazón a corazón. Se los veía unidos, si se caía uno el otro corría a levantarlo y eso es amor, que me vienen con canciones de Axel, amor es la mierda con la que hay que convivir todos los días. Amor es cuando te sentís sucio por dentro y viene alguien a limpiarte, a demostrarte que hay un ser vivo que tenga teta o tenga pito se preocupa por vos. Que va más allá de tu aspecto físico que le interesa tu integridad de persona, la incertidumbre de saber que hay en ese envase.
¿Cómo Gabriel iba vivir así? ¿Cómo iba a vivir? Después de tantas sonrisas, después de tantos abrazos, de esa caída de ojos que lo enloquecía.
¡Ay mi viejo, si te contará lo que eran juntos! Te caes de trompa al piso.

¿Sabes lo que es que te esperen solo para darte amor en esas noches de invierno, de lluvia, de agua en los zapatos? No te das una idea lo que él iba a extrañar esas cosas.
Pero el ser humano si algo tiene es esa tracción a sangre que sino se muere se cree inmortal. Todos volvemos a morder la manzana. Todos buscamos una piedra para tirar.
No sabes lo que es verlo todo el día pegado al telefono, esperando un sonido, al menos un llamado equivocado, o una puteada. Él ahora buscaba eso, necesitaba que ella le devuelva una por una las puteadas que le dijo.
Tanto tiempo amándola, tanto dar, y ahora, estaba vacío, pero con la copa llena de vino.
Sí, señor, el vino es más que un amigo, como decían en una vieja serie, aquel hombre que no sabe beber, no sabe vivir.
Y él buscaba eso, la puntita, el principio de un nuevo andar, pero estaba negado, no puedo mentir, estaba negado y ya no confiaba ni en su sombra. Mi viejo, no sabes la pinta que tiene el tipo este. Yo con esa facha, no estaría escribiendo historias.
Vos pensá que a mí todavía me queda grabada en la mente la cara de terror que tenía esa piba, imagínate ahora, lo que debe ser para él vivir con eso.
Es que después de esa noche, vino otra noche, y muchas noches más, y pasaron cinco meses de estar así.
Para mí esa noche era una anécdota, me acuerdo que estaba endemoniado, casi se me escapa una carcajada, porque jamás lo ves enojado a Gabriel, es raro, pero viste, es como dicen, los más tranquilos son los peores y creo que si en ese momento había una pared la rompía de un cabezazo.
Yo con el trabajo y los estudios, tenía poco tiempo para estar con él, nos veíamos los fines de semana, o cuando podíamos, muchas veces ni siquiera iba a la casa, ya que el no quería salir, se acostaba temprano, un vinito y a la cama. Un vinito, una cerveza y varias medidas de whisky, se arruinaba. Estar borracho es un atajo a la paz, es un atajo a olvidar culpas, penas, y perdones nunca recibidos.
Yo sé que si ella lo hubiese puteado un rato, muchas cosas se habrían solucionado, porque al menos te enojas, y tenés un motivo para olvidar, pero cuando tenés el culo sucio mi viejo, cuesta mucho dormir con eso.
Ahora estaba viviendo esa etapa de mierda, pero muy llena de enseñanza, la etapa del duelo, porque a los amores hay que enterrarlos. ¿Pero que pasa si se entierran vivo? No mueren, y nos sigue el fantasmita, el fantasma de mierda, la ilusión de ver a la persona en milésimas de segundos, estés donde estés, y no tiene límites, porque es tan puto que se te aparece hasta con la luz oscura.


Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...

Parte 1
"Del nunca más me voy a enamorar de ninguna mujer"

Yo no sé, a decir verdad, no puedo precisar si esto le paso a un amigo, o si mi cabeza en este momento lo esta imaginando. Lo que recuerdo, es la expresión “Nunca más me voy a enamorar de ninguna mujer”.
Mientras escribo, las cosas se van aclarando solas, y sí, no estaba errado, esto le paso a Gabriel.
Creo que él fue el que lo dijo, lo dijo con una triste sonrisa, lo dijo porque lo dejaron. Porque una mujer le rompió el corazón. Despecho, bronca, impotencia, quizás le falto el coraje para putearla, y ahora eso repercute en su vida. Yo me ofrecí a llevarlo hasta la casa de ella para que la mande bien a la mierda.
Al final no fuimos hasta la casa, el destino quiso que la encontrara en el boliche, borracho, con justas razones y ella con otro flaco, ahí donde solía sentarse con él, cuarta mesa contando de atrás para adelante. Ella del lado del pasillo frente al ventanal y él al costado muy cerca de ella.
Gabriel llegó como pudo, sí, estuve mal, lo sé, pero no podía impedirle ese momento, era la situación perfecta, el lugar, la hora, estaba borracho, todo se dio para que la insulte, la degrade y que mejor que hacerlo delante de otro tipo y si tenía que pelearse lo iba a ser, porque tiene la motivación de un hombre dejado. Caminó derecho sin chocarse a nadie, es como que el alcohol se le evaporo en un instante, como si no hubiera tomado una copa, ahí la tenia a la muy putita.

Ni siquiera había pasado un mes, que digo mes, semana, hacia exactamente cinco días que ella lo había dejado, una tarde lo encontré arruinado en la puerta de su casa.
Que más da, anda y putéala le dije, y se mandó. Llego hasta la mesa, ella lo miro sorprendida, quizás era miedo más que sorpresa, pero él solo quería putearla, decirle alguna pavada, decirle que le había cagado un pedazo grande su vida, en fin, que era una mierda, una trola, cosas que decimos cuando estamos borrachos, porque no solo prometemos cambiar, también mentimos.
Lo cierto es que se acercó, y le dijo, que era una hija de puta, que se había cagado en todo, que él se rompió el orto para que ella sea feliz, que no podía creerlo. Ella por supuesto, no reaccionó. El flaco que estaba con ella se paró, y ahí me acerque yo, solo para llevármelo, alejarlo, ya estaba saldada la deuda, ya podría dormir tranquilo.
Salimos del boliche, y caminamos unas cuadras, caminamos porque estaba tenso, porque necesitaba relajarse, encima no fuma, tenia un volcán dentro de su ser.
Luego de unas cuadras casi de funeral, nos sentamos.

—Gabi, ¿estás mejor?
—No, esto duele mucho
—Viste, amar duele hermano, amar.
—No, es algo raro, tengo una decepción enorme, no protesto, no se le movió un pelo. No tiene sangre, ella no era así.
—Todos pensamos así, que si vamos, la puteamos, la degradamos un poco, la herimos, sanamos nuestro dolor, un pensamiento estúpido.
—Es que yo quería hacerlo, tenía muchas ganas de mandarla a la mierda. Pero no estuvo tan bueno, ahora me siento como el orto.
—¿Te sentís muy mal?
—Sí, creo que me voy a morir.
—Anda y pedile perdón
—Estás loco, ¿cómo le voy a pedir perdón?
—Decile que estabas borracho, que te perdone
—No me va a perdonar

Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 - Parte 4 - Parte 5 - Parte 6 - Final

Seguir Leyendo...


Copyright 2005-2009 | Basado en K2 manoseado de arriba-abajo por mí.

Autor | Secciones | Contacto

cs