Ya suena la música
la sentís en tu vientre
veo como te estremece
y siento el latido de tu corazón
melodía sin fin que te hace volar
(ya estas acá)
¿Sentís la música?, pregunté con los ojos cerrados
y esa voz que enloquece a tus pelos
que acaricia tu espalda, te sonrojas
y brillas
(como anoche)
Y esa guitarra que viene y va,
acompañada de palabras que te atrapan
y ya nunca más volverás a ser la misma
cuantas caídas, y siempre de pie
hermosa, siento la música al igual que vos
en mi vientre y en mi espalda, en mi pecho
y en mi cabeza te aferro a mis sueños
(esos que olvidas al despertar)
vuelven los tambores y la habitación ya nos queda chica
que pequeño es el mundo, te escuché decir
que grande y hermosa es tu casa, respondí
y nos sentamos en el piso, nos tapamos con frazadas
y el concierto comenzó.
(bis bis)
Archivado en: Desde el sofá
Y cuando nos encontramos estábamos ahí los dos. Había viajado hasta su casa, estaba realmente muy cansado. Pero no lo suficiente para sentir nervios, una sensación similar a la de la sospecha de una mentira. Adrenalina, creo yo.
Ahí los dos, ella en musculosa blanca, un jean sin culo, sandalias, y su pelo descontrolado. Yo, un cuerpo vestido, un simple cuerpo, sin afeitar, dejado, no querido por otros cuerpos.
Ella sonrío, y yo supe que había viajado al pedo. Como dos desconocidos, y la pregunta en mi cabeza; ¿Esto era todo?
La mire a los ojos, y le dije ingenuamente, sintiéndome un completo idiota, como me sale hablar cuando estoy nervioso, como hablo cuando necesito escuchar la voz de la otra persona, sus gestos, su forma de expresarse, en fin, como acostumbro a prejuzgar, le dije que olvidé afeitarme del apuro, que hasta olvidé las llaves de mi casa, y que no sabía como iba hacer para entrar cuando vuelva, ah y que estaba muy linda.
Se sonrojo y miro al piso, yo no esperaba un halago, ni una respuesta, lo dije por decir, para justificar un poco mi fealdad, tal vez, o solo quería decirle un piropo sin quedar como un desesperado.
No creo que lo haya entendido, a mi me molestan esas cosas, los piropos, los halagos verbales, la inconciencia de la gente para quedar bien, me molesta, de chico me dí cuenta de eso cuando una persona en la calle me paro y me dijo “que buena campera, ¿Dónde la compraste?”. No tuve una mejor respuesta que decirle que me la habían regalado para mi cumpleaños, que si quería que me deje algún contacto y lo averiguaba. Eso no paso. Se rió y me dijo que estaba todo bien. Lo que me molestó fue que él no tenía nada que yo pudiera halagarle, retribuirle ese cumplido, odio no poder favorecer a la otra persona.
¿Ya les conté de sus ojos?. Son color miel, achinados, delineados, cejas castaño claro, son los más bellos que conocí en toda mi vida. Yo le decía que seguramente sus ojos no sabían de distancias. Ya que al ser tan hermosos, nada se les podría escapar.
Su nariz, su boca, su pelo, sus facciones, todo encajaba perfecto. Había viajado al pedo.
Tenía un tatuaje, lo descubrí cuando se saco la musculosa, estaba arriba del bretel de su corpiño, tenía una frase en letra cursiva. Desnuda era completamente exquisita, y creo que me estaba volviendo loco. La locura divina, pensé en ese momento, el instante, el déjà vu ficticio del primer beso.
Todo esto paso después, al principio fue una situación complicada, la de no encajar en ella, la de no encontrarme ahí, el estado no presente, no ubicar una palabra, no tener poder de decisión. Igualmente, ella ayudó bastante para sacarme de esa situación bochornosa, los hombres no podemos hacer nada solos, absolutamente nada.
La verdad es que fue una sola noche, y eso causa dolor. No me duele no verla más, lo que me duele es que fue esa noche, y nada más. A mi me encanto, pero a ella no. Y eso me molesta, como dije antes, lo que me molesta es no poder sentirme útil o favorecer a la otra persona.
Su tatuaje decía algo así: “Où le temps d 'arrêt”, le pregunté cual era su significado, me respondió que era algo que ella había inventado, que estaba en francés y que significaba “Cuando el tiempo se detiene”.
Antes de irme, después de que ella me acompañara hasta la parada del micro, justo antes de subir el primer escalón que me separaría para siempre, le dije que se había tatuado al pedo, que no tenía sentido esa frase, ya que todo el mundo sabe, que el tiempo no existe.
Archivado en: Los hombres también lloran
Espantarme en circuitos ordinarios
de funciones de escapistas sin destinos,
muchas caras sin perfiles
y esas voces que ofuscan a cualquiera.
Rutina y amor, siempre derramando tu dolor
siempre espías, ocultos, atrás de tus lagrimas
y ese escombro que no deja de crecer
y vos ahí, organizando otra película.
Sueños que se matan por vivir,
la llegada es cruelmente hermosa
quizás correrás, te desmoronaras
pero tu mentira... va detrás.
Pequeños abrojos abotonados
galácticas ideas de inexperiencia
caeremos otra vez
como siempre, bien al fondo.
(a tu oído: bien al fondo)
Archivado en: Pie Izquierdo
Vos sos de esas minas que les gusta ser segundas toda la vida para sentirse superior a alguien. Esas que dan lástima cuando las ves a los ojos. Las que intentan ocultarse, el vértigo, la sensación de la trampa moral y ética. La que coleccionan consejos y opiniones. El paseo de la mano, fingir la felicidad.
Las que se hacen las fuertes, las superadas. Las desvaloradas, las que ya no se aman, esas así, sí, ya sé cual sos vos. Ya entendí.
De seguro te quejas de los hombres, mientras le haces un pete y sentís el perfume de su mujer. Y te sentís mejor. De esas así sos vos.
Como me cuesta hablar de vos ahora que paso tanto tiempo.
Entre apuntes y líneas tiradas al azar, me miento, y sé que te escribo a vos, desde la ignorancia de un niño maltratado, caprichoso, cuando le dicen que no, esa primera negación, el primer dolor. Que suicida inocencia.
Es que no quiero dañarte, pero me sale así, soy patético, prometí escribirte y ahora lo estoy haciendo, te advertí que no soy bueno, que no me sale la utopía así nomás. Ya sé que me vas a llamar por teléfono sin importarte la hora, como lo hacías antes, me llamaras para insultarme, dudo mucho que me felicites, o quizás, o quizás sea como el borrador que te leí, que te sentiste tan identificada. Es todo tan injusto, me siento tan mal, que el tiempo no me afecte, que todo a mi alrededor se cristalicé y se rompa.
Te voy a decir algo, una tonta confesión, ese borrador, ya lo tiré, maldición, es que no puedo mentirte, vos sabes bien, que no tiro los escritos por más idiotas que sean –como lo es este- más bien los atesoro, es una idiotez eso de tirar un papel, como si las ideas y pensamientos se fueran con el. Cada escrito se me tatúa en alguna parte del cuerpo y me sigue, los arrastro para donde voy, y cuando camino por la calle yo veo como golpean a la gente, y les pido disculpas, y es una locura, sabes, últimamente todo es una locura.
Y no quiero que creas que te pido disculpas a vos, ni que te culpo, esto ya está escrito hace mucho, simplemente ahora lo estoy transcribiendo, ya te lo dije, espero que recuerdes, cuando estábamos acostados en esa cama barata, en esa improvisación de cena, en donde vos me decías, hay que dormir un poco, y yo en mi mente no dejaba de escribir.
Porque escribo, sabiendo que cada escrito me hace mal. Y leo pocos libros, muy poco leo, vos me aconsejaste que dejara de leer, que ya no soportabas mis asociaciones, mis comparaciones, antes de irte, me alcanzaste a decir que te daba miedo, que no tenias miedo por vos, que el miedo era por mí, que un día iba amanecer dentro de una página, y que jamás podría salir de ahí cuando se cierre el libro.
Cuanta verdad tenias, y te alejaste, me dejaste, te alejaste con todo tu cuerpo, pero en mi mente seguían tus palabras, tus miradas, tus gestos de desprecio y eso es quizás la principal motivación para escribirte.
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Parte 6 - Final
"En tú eternidad"
Me fui llorando como un nene, hermano, otra vez llorando, me fui muy triste, no entendía nada, o lo entendía a todo demasiado bien, no sé, fue horrible.
Seguí caminando hasta casa, lo tenía que hacer, tenía que pedirle perdón a mi mujer.
Ya estaba en la puerta de casa, y no sabía que hacer, diez minutos, quince, no sabía que hacer, me encontraba completamente perdido.
Puse la llave, abrí la puerta casi sin hacer ruido y entre, ahí estaba hermano, colgada en el medio del living.
Pensé en la nena, en mi hijita, mi chiquita, tres añitos tiene y todo se reducía a un dolor en el pecho. Mi vida, de pronto dependía de un órgano asesino, el corazón. Y no me salvaba mi titulo de abogado, no me salvaba el sueldo a fin de mes, no me salvaban mis amigos, nada me salvaba, ¿Me entendés? El bobo me estaba jugando una mala pasada, pero pensá en la nena, bobo, no me abandones ahora. Y no sé que paso, pero algo me rescato, me lleno de luz, corrí hasta donde estaba mi mujer, a abrazarla, intente levantar pero siempre es tarde, estaba congelada, ya se había ido.
Y todo lo que paso es mi culpa, toda situación narrada es culpa mía. Sabes hermosa, hijita, después de tanto tiempo comprendí que cuando se me había aparecido el Gabriel en esa época y me dijo que pida perdón, yo tendría que haber ido para casa a pedirle perdón a mamá, pero lo interprete mal y me fui a buscar la novia de él. Me arrepiento tanto de no haber ido a casa, me arrepiento tanto de haber discutido, encima todo fue por una boludes.
Pero yo se quien me rescato, fue mi hija la que me saco de toda la tortura, la que me salvó, y es hasta el día de hoy, que vos, mi amor, bebe hermosa, me rescataste.
Es por esto que te escribo, y perdón si la lectura comienza a complicarse, estoy llegando al final en el amplio sentido de la palabra ya no se coordina todo tan bien como antes, pero igualmente, te escribo para que sepas, (ahora que sos toda una señorita), que tengo muchas deudas pendientes. Que necesito ir a saldarlas por que acá ya no tengo más nada, creo que ya te di todo a vos, ya tenés la edad suficiente, esta carta la escribí cuando tenías doce, eras toda una nena, pero le pagué a una persona para que te la envíe hoy. No busques una explicación a la fecha, solo quería asegurarme que seas mayor, y te pido perdón, por haberme ido cuando tenías dieciocho, es que no podía dejarte de un día para el otro. A pesar de que nos comunicábamos, quería que te vayas acostumbrando. Siempre te cuide a la distancia, y hoy más que nunca lo seguiré haciendo.
Duele muñequita, duele mucho y papá ya no resiste.
Y sí, esa frase era mía, nunca pude enamorarme de otra mujer.
Te quiero de forma desmedida, te voy a cuidar, sé feliz hermosa.
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Parte 5
"Corazón de madera"
No te das una idea de lo difícil que es encontrar una casa después de más de veinte años.
Esta todo cambiado, las calles son todas contramano, edificios hasta en el ojete. Pero la encontré, ahí estaba, la misma fachada de siempre, una casa antigua de chapa, pintada de gris, una puerta doble y una ventana con detalles pintados de un gris más oscuro, todo cubierto por telas de arañas en las ondulaciones de las chapas.
Toqué timbre, y salió ella.
—¿Sí, quién es? –preguntó
—Hola, mirá, aunque no lo creas, yo soy el Ruli, vos salías con un tal Gabriel ¿Te acordas?
—¿A quién buscas?
—¿Vos no salías con un tal Gabriel, hace como veinte años atrás?
—Gabriel… —y se puso pensativa— sabes que me suena
—Mónica, ¿Vos no sos Mónica?
—No, yo no soy Mónica
—Ah, esta bien… ¿Acá no vivía una Mónica?
—Si me das un segundo, ya te digo —entró a la casa y del fondo me grito —A ver, vení Raúl.
—Permiso —entré a la casa —No, no me llamo Raúl, soy el Ruli, antes tenia Rulos.
—Bueno es lo mismo, entra que hace frío. Si fueras un ladrón ya me hubieras robado, aunque no tengo nada de valor.
Nunca tendría que haber entrado a esa casa.
—Yo soy inquilina, pero cuando alquile está casa, en una cómoda, encontré esta cajita de madera. Tiene fotos, hay cartas, una cadenita, yo la guarde por si alguien venia a recogerla. Ya paso mucho tiempo, y nadie se acerco.
En la tapa de la caja difícilmente se podía leer “Mónica” como si se hubiese escrito con esmalte para uñas. Al abrirla, hermano, mira lo que te digo, había muchas fotos, en todas estaba Gabriel con ella, abrazado, dándose besos, sonriendo, feliz, no sabes lo que fue ver a Gabriel con una sonrisa después de tanto tiempo.
Empecé a mirar y abajo de todo se veía un sobre escrito en imprenta con una letra adolescente que solamente decía “Gaby”.
Cuando lo agarre, hermano, pensé que me moría de un infarto, se me caían las lágrimas solas pero la mujer muy amable, me alcanzo un vaso de agua, me senté como pude y tenia el sobre en frente, me desparrame en la mesa. ¿Qué tenía que hacer?
Habría y cerraba los ojos como un zapallo a ver si el otro se me aparecía de nuevo y me daba alguna señal, pero nada, no apareció.
Guarde el sobre en la cajita.
La inquilina me contó que la que estaba viviendo anterior a ella, la dueña de la casa se había ahorcado cuando era jovencita, se le humedecieron los ojos cuando me lo relataba. Yo no la conocí, pensá que esta casa estuvo desabitada muchos años me dijo.
Que miedo tenía, escalofríos, mezcla de sentimientos, estuve tentado de preguntarle a esta mujer si me podía acostar un rato, la cabeza se me partía, me caía, me estaba derrumbando de la silla.
Le deje la caja a ella, junte fuerzas y me fui.
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Parte 4
"Gaby"
Y ahí estaba sentado, con el corazón en la mano, muy agitado, todo se empezó a nublar, veía todo gris me sofocaba, tenia calor y frio, hasta que encontré la paz al cerrar los ojos. Cuando los abrí, estaba el Gabriel sentado al lado mío, de la locura, del miedo a morirme, ni cuenta me di de cuando se sentó.
—Qué fácil que es ayudar al otro ¿Viste vos? –dijo Gabriel
—Andá a cagar, vos me venís a pelotudear boludo.
—Asqueroso, hermano.
—¿Lo qué?
—El pedo que tenés, sarnoso, pasó el tiempo pero las mañas no las perdiste.
—No seas así, sabes que una petaca de whisky me hace bien, que no me emborracha. Che Gabriel, sos un hijo de puta, no sabés lo que te extraño, la puta, loco.
—Ya te pones melancólico, pasa que acá las visitas a la tierra son muy limitadas.
—Sí, pero yo te extraño, muchas veces me pongo a pensar que sería de nosotros a esta edad, la de putas, ya hubiéramos conocido a todas las putas del país.
—Che no hables de esas cosas, que si me llegan a pescar desaparezco de una.
—Todo bien, pero, yo no sé que haces acá.
—Estaba arriba, al pedo, y me dije, me le voy aparecer al Ruli así se caga de un susto… En realidad, vengo a pedirte un favor, necesito que le vayas a pedir perdón.
—Che, ¿No estoy muerto, no?
—No, boludo.
—Bueno, me quedo más tranquilo.
—Chau hermano –alcanzó a decir y al pestañar ya no estaba más.
—Chau mi vie…
Vos por ahí pensaras que este dialogo no existió, pero te juro que sí, por mi nena que existió. Tome el último sorbito que le quedaba a la petaca, me paré y empecé a caminar. Me fui hasta la casa de ella.
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