Te Cortaría en Mil Pedazos : relatos, historias propias. Resucitandote en cada historia. | Weblog de Cristian Sena

Cuando toco el piano, en realidad estoy dormido. Es tanta la relajación que me produce que me impide estar concentrado en lo que hago, me traslada a otro lugar, mi cuerpo es poseído por musas. Mis dedos rápidos y ágiles, no dejan de golpear pedacitos de madera. Una tristeza acciona las palanquitas y me conduce a la nostalgia de Giulietta.
Esa que fue mi inspiración. La diosa divina que nunca tendría que haber estado en la cama conmigo.
Giulietta, su piel era una seda, yo sabia que el dolor vendría y dejaría todo hecho un caos. Como siempre pasa cuando el amor se va. Pero ella siempre lucia increíble, arreglada, hermosa, jean, musculosa blanca, camisa rosa, pelo lacio, cortito, dulce, constantemente invitándome a besar, a tocar.
Como todo artista no puedo depender de una sola musa. Entonces entro Teresa en escena, hostil, guerrillera, pasionaria.
Su sensibilidad me hacia creer que me amaba. Por un momento se me ocurrió casarme, e irnos a cualquier lado, le dije que dejaría de tocar. Que ya nada me importaba más que su amor, sus pechos y sus hermosos ojos negros, profundos, penetrantes, de esos que te sacuden en cada mirada.

Ella comparte el mismo lugar que Giulietta. El lugar más triste que puede ocupar una mujer, aquel que ningún hombre logra olvidar.
Cada nota me trae imágenes de Teresa y de Giulietta, efímeras, lo suficiente para que pueda verlas.
Mis dedos se enfurecen, golpean cada vez más violentos, mis ojos se cierran bien fuertes. El corazón palpita cruel sin anestesia, estalla mi pecho. Vienen y se van más imágenes, con más velocidad, me esfuerzan a tocar más rápido, con locura, el corazón sigue golpeando, se descontrola y mis palpitaciones aumentan. Me erecto sobre el diminuto asiento, me tambaleo para los costados, temo perder el equilibrio pero tampoco puedo frenar, es que ya no soy yo el que toca.
Quizás sea Giulietta la que se encarga de tocar los temas sutiles y tristemente alegres. Tal vez Teresa es la que acelera mi pulso. La que me impulsa a golpear las teclas con odio, con bronca.
Pero ninguna de ellas esta físicamente y eso produce la tristeza de esta canción. Notas altas que utilizo para castigarme, mientras que las notas bajas se alargan para apaciguarme, respiro una bocanada de aire y lanzo un grito de suplica, un grito de auxilio, grito Giulietta desesperado. Mientras pienso en las tetas de Teresa, redondas perfectas, paradas, duras y suaves, en su cuerpo dotado de hermosura. Escalofríos recorren mi cuerpo y mis manos siguen exprimiendo teclas que clavan estacas en mi corazón. Ya no sé si estoy haciendo música, no sé que es lo que hago realmente. No puedo respirar y todo se me abalanza encima, me aplasta, tambaleo en el asiento, abatido caigo de boca al piso.
Toco mi sien y percibo un líquido espeso, abrazado a la pata del piano, me desvanezco en la habitación.
Por fin encuentro a las dos; Giulietta y Teresa, todavía exigen que les explique por qué las mate.

2 Comentarios:

# Vicky dijo...

Es un trance en el que se entra con la música. A mi me pasa cuando canto, vuelo; hacia otros planetas, viajo en el tiempo, me voy lejos.

# BERTO dijo...

BUEN FINAL MAESTRO...MENOS MAL QUE YO TOCO LA VIOLA...VICKY, ESCUCHATE SWEET SAHUMERIO DE SODA...VOLAS...

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