Te Cortaría en Mil Pedazos : relatos, historias propias. Resucitandote en cada historia. | Weblog de Cristian Sena

Y de pronto, el corazón comenzó a latir rápidamente, perturbado, enfermo, idiota (¿Es que acaso late de otra forma?) ella se acercaba con su corte Cristóbal Colón, sexsísimo, morochísima más negra que el café. Me miro, como esperando una respuesta, me paralice, que le iba a decir si no encontraba una palabra, si el abecedario se derrumbaba, si casi no podía respirar. Ya sentía su perfume a metros, ya comprendía que ella no quería estar ahí.

Pero ahí venía, furiosa, radiante con su musculosa verde, con sus ojos incendiándome, ella y su cara de inocente, ella y su pollera-pantalón negro, ella y Kim Roselier, ella y Edith Piaf, ella y Cortázar. ¡Ella es la maga! –pensé– y la había encontrado enseguida, y no solo la había encontrado, sino que estaba viniendo hacia mi, andábamos para encontrarnos.

Pero eso solo fue un fragmento de segundo, ella era una montaña, mejor dicho, una avalancha que me paso por encima. Siguió caminando, se fue hacia fuera, abrió una gran puerta y la gente comenzó a entrar. Como si todo ese tumulto de gente se acercaba a verme a mí, todos menos ella me miraban.

Solo recuerdo su andar apurado, ni siquiera oí su voz, solo me quedo su foto grabada en mi cabeza.

Aunque nunca dejare de ser un maldito cobarde que absorbe fragmentos de vidas ajenas y las vuelca acá, con todo el cariño del mundo, aunque a veces no tanto. Es que hay una parte de sus vidas que yo no sé, y se las invento. Y eso me divierte muchísimo.
Por ejemplo sé que ella sale por la mañana con calzas, su saquito beige y vestidito floreado en bicicleta para hacer los mandados, usa un morral muy lindo que lo heredó de su mamá. También creo que estudia letras, en sí, es el arte lo que la mueve. Apostaría una cerveza en ese mismo bar en que la conocí (si tuviera con quién) que para mí vive sola, y que no tiene más de 25 años. Detalle que aterra y que me perjudica, pero me atrevería a desafiarla. Tengo miedo que una charla sea todo lo que yo no conozco y que ella no conoce nada de lo que le digo, pero igualmente estaríamos empatados ya que a decir verdad, mi memoria es demasiado corta y no se puede expandir, así que muchas cosas de la infancia las fui borrando sin querer.

El otro día borré cual fue mi primera salida nocturna, la primera noche que salí solo, pero a cambio de eso, me sé de memoria todos los diálogos importantes de Titanic. Con este ejemplo se darán cuenta que no sé muy bien que es lo que se almacena y que es lo que se borra. No tengo control de eso y por momentos se torna desesperante.

Pero volviendo a ella y sus Killers, a ella y su Paul Desmond.

Lo cierto es que quede enamoradísimo, y también creo que se come las uñas no se si ya se los había contado y eso es una manía que tienen casi el %80 de los fumadores, por ende, mis queridos amigos, también fuma y si estudia letras, también porro.

Sé que algún día se va a ir y no la volveré a ver jamás, nunca jamás, y es por eso que escribo esto, como un pedido de auxilio, como una botella en el mar. Pero con la diferencia que algunas pistas fui dejando, podríamos escribirnos días y noches.

Quizás cuando tenga unos 70 años ella lo lea y se encuentre, y me encuentre y todo surja como esa noche, aquella primera vez que nosotros si andábamos para encontrarnos.
Y apuesto, compañeros, y con esto me retiro que le gusta el café y el vino tinto.

Ella y su París, como una lagrima eterna corriendo por su mejilla.

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