Te Cortaría en Mil Pedazos : relatos, historias propias. Resucitandote en cada historia. | Weblog de Cristian Sena

Algunos se tienen que ir lejos para hacer lo que no hacen cerca. También, existen los que están cerca y nunca se atreven a hacer cosas y para eso necesitan irse lejos.
Hoy quisiera estar lejos, y extrañar todo, para comenzar a sentirme cerca nuevamente. Cerca de todo, cerca de la lluvia, cerca del barrio, cerca de mis amigos y familia.
A veces quisiera dormir unos cinco mil años, muchas veces siento eso. Y también me siento completamente vacío. Que nada me alcanza y que todo sobra o no vale una mierda.
Y no lo entiendo, y al instante pienso que quizás sea normal, que quizás tenemos que volver a llenarnos de algo mágico que solo ocurre cuando estamos vacíos.
Me di cuenta que ya nada me importaba cuando vi dibujitos en la tele, cuando no les encontré la gracia, cuando los vi y no entendía nada. Ahí me sentí muy mal. Entonces me pregunte ¿a dónde quedo mi niño interior?
Entonces me odie, y odie a esa frase y odie todo lo que me rodeaba, lo odie con el alma y en silencio. Como se odia de verdad, en absoluto silencio.
Será que nos volvemos grandes, y pesimistas, será que la felicidad comienza a recibirse de a gotitas, y por eso nos aferramos a ella, sabiendo que por fin, se va. Y cuando se va, nos extirpa, nos arranca de cuajo lo más importante de nosotros, lo que más nos importa y no lo vemos, es eso lo que se lleva lo mejor de uno.
Lo más difícil de irse, es volver. Volver con las manos vacías, volver sin nada, volver humillado por una derrota inexistente pero latente.
A veces suele pasar que volvemos con toda la gloria, con la sabiduría del que fue y aprendió. ¿Por qué abandonar todo eso? ¿Qué es lo que nos hace volver?
Todos tenemos un sueño que perseguimos. Los vacíos no tenemos nada que seguir. Pero caminamos igual, por inercia, porque hay que caminar.
Por que la vida también se trata de eso, de irnos lejos y no volver.
Igualmente el faro siempre nos alumbrara, quizás este sea uno de esos momento, y su luz es tan intensa que nos ciega y no nos deja divisar el camino a seguir.
Quizás en el amor este la solución a todos los problemas. Pero a veces no tenemos ganas de correr riesgos. Ya sabemos como es el juego. Si hasta muchas veces nos cuesta amarnos a nosotros mismos, o acaso nadie tiene días en que no se soporta, pero uno siempre va cosechando lo que siembra. Y eso por momentos me aterra.
Sigamos caminando, busquemos aquellas huellas que nos marquen el camino de regreso.
Que todavía somos niños y podemos jugar a los exploradores.

1 Comentario:

# Unknown dijo...

No podías publicarlo en mejor momento... Siempre da gusto leerte.

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